Friday, June 29, 2018

La Historia de la Gran Fiesta de “San Pedrito” en Perú: Una Tradición Hispana



Por Nelson Díaz Pomar

Vienen a mis gratos recuerdos la famosa e inolvidable fiesta del patrón de Chimbote a quien cariñosamente le decimos “San Pedrito”. Es el acontecimiento religioso más importante que se celebra con gran pompa desde los años 30. Es una parte importante de las tradiciones peruanas.

Recientemente, el Ministerio de Cultura de Perú declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la Festividad de San Pedrito, celebración que se realiza en la ciudad de Chimbote, en la provincia del Santa, región Áncash el 29 de junio.


Las confecciones de los vestidos para las fiestas

Había una costumbre que, desde los primeros días del año nuevo, los padres empezaban a preparar a la familia para la fiesta de San Pedrito. Primeramente, era ir a las sastrerías más importantes de la ciudad que eran de propiedad del señor Vigo y del señor Cumpa. Los hombres se tomaban las medidas para la confección de los ternos para luego ir a las costureras más famosas para que les tomaran las medidas de las camisas y de las corbatas que se iban a confeccionar para la ocasión.

Lo mismo hacían las madres, ellas llevaban a sus hijas a las costureras para que les confeccionaran hermosos y festivos vestidos de acuerdo a los catálogos de la moda de esa época. Por último, la familia se iba a los zapateros finos para tomarse las medidas de los pies para hacer nuevos calzados para lucirlos en la fiesta patronal de San Pedrito.

Antes de que los padres den su aprobación para iniciar el cocido permanente de los trajes, se hacían varias pruebas de las confecciones; una vez satisfechos con las medidas y otros detalles, quedaba todo arreglado para que sean entregados un mes antes de las fiestas. El trabajo era enorme, tenían que contratar ayudantes de otras ciudades cercanas como Nepeña, Moro y Jimbe.

Asi mismo, las casas empezaban a ser pintadas y adornadas con cadenetas de papeles de colores y antorchas.

La marcha de la banda de músicos de Los Cachimbos de Moro

A las 6 de la tarde del día 28 de junio se iniciaba la fiesta patronal de San Pedrito con la marcha de la famosa banda de músicos, llamada Cachimbos de Moro que iba acompañada de muchas personas que a su paso, iban estallando fuegos artificiales como los cuentones y avellanas, haciendo un gran ruido como parte de la celebración. Los niños felices los perseguíamos hasta que nos cansábamos de tanto correr y bailar.

La serenata de la plaza de armas

La banda se estacionaba en la plaza de armas para dar una serenata. Las hermosas señoritas de la ciudad de Chimbote  muy elegantemente vestidas se paseaban alrededor de la plaza al ritmo de la música. Los muchachos se ponían en la vereda a piropear a las damas que muy orondas les sonreían, así se iniciaron algunos de los romances que terminaban en matrimonio.

La ceremonia de la “Pisada de San Pedrito”

Los padres designaban a los padrinos y madrinas de sus hijos e hijas y hacían las coordinaciones para su encuentro en la entrada de la iglesia para el día 29 junio a las 8 am.

La ceremonia del “pisado de San Pedrito” era muy original. Se formaban filas de niños y niñas separadamente, todos acompañados de sus padrinos y madrinas.

El cura sostenía la imagen de San Pedrito, mientras que la persona que iba a recibir el bautizo debía bajar la cabeza para que el santo “lo pisara”. El padrino tenía que decir estas palabras: “San Pedrito te ruego que cuides y des salud a mi ahijadito (el bautizado)”. Luego se escuchaba el nombre de quien recibía el sagrado sacramento, y el cura del barrio repetía “así será” -y agregando unas palabras en latín- la persona bautizada decía amen.

Terminada la ceremonia de bautizo en la iglesia, el padrino ponía su limosna o donación en un cajoncito. Y la celebración podía extenderse por muchas horas.

El gran desayuno familiar

Los padrinos, compadres (los padres del bautizado) y ahijados (bautizados) concurrían a los puestos de comida que se erigían en las avenidas, de las famosas vianderas para servirse un gran desayuno con chocolatada (leche con chocolate), tamales, chancays (pancitos dulces), panes franceses con huevo o pescado fritos.

Los niños a comer dulces

Terminado el desayuno, los niños se dirigían a dónde estaban ubicadas las vendedoras de dulces que servían el arroz zambito con leche con muchas pasas y pedacitos de coco, el ranfañote, una especie de budin con almendras y mucha miel. También se ofrecían las cocaditas, maní tostado cubiertos de caramelo y la chicha de maní que era infaltable.

La pesca de San Pedrito

Al medio día todos nos dirigíamos a la playa para presenciar como los feligreses subían la estatuta de San Pedrito a una lanchita para que haga su pesca milagrosa. Cuando retornaba con la lancha llena de peces, eran obsequiados a las personas asistentes.


Los almuerzos

Después del mediodía, la gente regresaba a las vianderas a comprar almuerzos que eran acompañados con su chicha de jora (licor de maíz) y su pisco “motocachi” (licor). Los señores se pasaban de copas celebrando la fiesta y recordando los años pasados. Muchos cantaban y otros lloraban al recordar a sus padres ya fallecidos.

Los maraqueros, payasos y los magos

De lima venían gran cantidad de embusteros que fingían ser grandes magos. Tampoco faltaban los payasos que cobraban por sus actuaciones al aire libre. También eran famosos los maraqueros que manejaban juegos de azar con dados y casinos. Con ellos los niños terminaban de perder sus propinas ya que los maraqueros eran los únicos que ganaban. Total, todos nos divertíamos.

La procesión

La última actividad era la procesión que se iniciaba a las 7 de las noches. Las damas usaban sus mantillas, sus vestidos oscuros y llevaban sus ceras encendidas, cantando y rezando. Mientras el cura animaba con sus rezos y cantos, la banda de los cachimbos animaba la procesión con sus marchas monótonas.

Así terminaba la gran fiesta, y todos quedamos muy rendidos y felices, esperando el nuevo año.

Thursday, June 28, 2018

Una Inocente Historia de Misterio. Descarga Gratis el Libro por Amazon



3.- El Mito


 El viejo brujo Dull escondía sus extrañas zapatillas de colores con suelas de metal y sin pasadores de las miradas curiosas entre grandes rocas cubiertas por oscuros musgos verdosos, y que formaban una pequeña hendidura en la Vieja Bahía de Barranco, en el lado donde las rocas se habían vuelto peligrosas.
Los afilados acantilados eran rodeados por las enfurecidas olas que, al estrellarse contra ellos, levantaban gigantescas espumas amarillentas que de noche parecían las sombras de apocalípticos monstruos saliendo del fondo del mar. Mientras que él se sumergía placenteramente y sin apuro en las aguas tibias tomando la forma de la especie marina que se le antojara con la condición de que nunca debía ser igual a otras que ya existieran. Él era único y auténtico, desafiando su propia imaginación.
Hasta que un día, unos jóvenes traviesos que lo seguían desde hace algún tiempo, intrigados por su sospechosa y encorvada apariencia de malvado hechicero, decidieron hacerle una broma. Tomaron una de sus zapatillas que reposaban sobre la roca más altas del acantilado, y la arrojaron al océano.
Era una cruel diversión que sólo se le podría atribuir a una inmadura mentalidad, y el inocente Dull sería quien sufriría las terribles consecuencias de esta acción de vandalismo que afectarían sus habilidades de supervivencia.
Una vez que salió del mar, el pobre Dull halló solo una de sus valiosas pertenencias; él sabía que no podría recuperar su forma humana si es no se colocaba el par completo de las zapatillas de un solo brinco. Pero, también sabía que debía intentarlo todo.
Por el momento, lo único que lo ayudaba a movilizarse a duras penas por los inhóspitos arrecifes eran sus diminutos pies humanos, que eran dos protuberancias con dedos enanos que se desprendían libremente a sus costados. También tenía una majestuosa y útil cola peluda con forma de gancho. Eran las marcas indelebles que lo describía como un forastero errante de otros mundos, y también, era lo único que no podía cambiar de sus increíbles y habilidosas transformaciones marinas.
Así que, recogiendo la única zapatilla que le quedaba, ayudado por su ganchuda cola, la insólita criatura que se asemejaba a lo que pudiera ser un alacrán prehistórico marino de ojos luminosos como esmeraldas bien pulidas, y de iridiscentes escamas que lo cubrían como especie de túnica real de oro rojizo, se ocultó entre las rocas en busca de refugio.
Cuando se sintió a salvo, se tumbó a descansar sobre una enorme piedra oscura que parecía atormentada a diario por aquellos monstruos míticos de espuma amarillenta con aliento salado. Era la única que le daba una mustia bienvenida a lo que sería su nuevo hogar durante muchos años sin que él mismo pudiera presagiarlo.  
Luego de descansar un poco trató de colocarse con mucha dificultad la única zapatilla de colores con suela de metal y sin pasadores que le quedaba, dando brinquitos cómicos en el aire, y otros en falsos que lo tumbaban dolorosamente sobre el suelo rocoso tratando de meter ambos pies, hasta que por desgracia lo logró. Mejor hubiera sido arrojarla al océano junto con la otra zapatilla pérdida. De aquella desesperada estrategia malabárica, nada bueno podría resultar. Ya era tarde para arrepentimientos. El encantamiento estaba hecho. Al no poder recuperar su forma humana, tampoco pudo conservar su exótica y bienhechora apariencia marina anterior.
El pobre desgraciado se convirtió en un ser maltrecho de dos especies irreconciliables, humana y arácnido, peleando por sobrevivir dentro de una zapatilla, la que además se convertiría en su hogar.
Su cuerpo era de una fealdad absoluta y aterradora. Con suerte pudo recuperar la visión de uno de sus ojos, su hocico era demasiado prominente para su corto tamaño, pero lo suficientemente útil como para alimentarse y hacer horribles sonidos de ultratumba que le serviría para espantar a los depredadores. Las olas del mar se convirtieron en su principal proveedor y protector; en cada visita le traían pequeños crustáceos y algas que se convirtieron en sus infaltables alimentos. Viéndose en tal terrible situación, Dull hizo una promesa:
- “Aquel que me rescate y encuentre mi vieja zapatilla de colores con suela de metal y sin pasadores, le concederé un deseo imposible de hacer realidad.” Descargar la historia completa GRATIS.

"A LEER PRONTO" INFORMATIVO PARA ESTUDIANTES DE ESPAÑOL  (SEGUNDA EDICIÓN) Download A new tool to encourage re...